Dormidero de pinzones reales en Gorbea

El pasado domingo acudimos a presenciar uno de esos espectáculos grandiosos que la Naturaleza nos ofrece de vez en cuando. Una concentración de más de dos millones de aves, que se reúnen en un espacio relativamente reducido para alimentarse y descansar. Parece ser que las duras condiciones meteorológicas en el centro de Europa han obligado a estas aves a buscar alimento más al sur, y concretamente han encontrado en Gorbea el alimento que precisan para sobrellevar los rigores invernales. La abundante cosecha de hayucos de este año parece ser definitiva en la formación de este enorme dormidero.


Explicar con palabras este espectáculo se me antoja imposible, tampoco las fotos o incluso los videos dan idea de la grandiosidad del espectáculo. Cualquier persona mínimamente sensible se emociona al ver con sus propios ojos la fuerza de la Naturaleza, la brutal e imperiosa necesidad de supervivencia que muestran estos pajarillos, llegados de los países escandinavos para poder sobrevivir al invierno. Mientras cientos de miles van llegando al dormidero desde todos los puntos cardinales, gavilanes o halcones atacan el bando para llevarse un bocado de este maná que les cae del cielo. Y mientras, la masa de aves se acomoda en los cipreses o en los pinos para pasar la noche, tiñéndolos de blanco, a modo de bolitas vivientes en un bosque de árboles de Navidad. Una vez acomodados en los árboles, el barullo de todas estas aves piando, el estruendo generalizado y ubicuo, lo inunda todo. Ya en la anochecida nos alejamos de allí anonadados, con algunos cientos de preguntas en la cabeza, y con las imágenes grabadas para siempre en la memoria. Abrigando mi cabeza con la capucha, acercándome al coche, digiriendo mi asombro, me vienen a la mente aquellas palabras de Jorge Luis Borges:

“Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno; pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible, ergo, Dios existe.”

No sé si Dios existe, amigo Borges, pero después de lo visto, no me cabe duda de que no hay nada más sobrenatural a nuestros ojos, que las maravillas de la Naturaleza.

Más información:

Ficha del Pinzón Real en SEO/BirdLife

Pinzón Real en pajaricos.es

Medios de comunicación:

El País

Radio Euskadi

El Correo

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