Ruiseñor del Japón (Leiothrix lutea) en Bertiz.



Tal y como ocurrió el año pasado por estas fechas, estos días estoy detectando la presencia de este pájaro en mis bosques de Bertiz. Se trata de un Ruiseñor del Japón (Leiothrix lutea). Es un ave originaria del sureste de Asia que se ha asentado con éxito en nuestro país a través de ejemplares escapados de cautividad. A diferencia de otras especies introducidas —que suelen establecerse en medios urbanos o humanizados—, esta ave se ha refugiado en áreas forestales.

Su área de distribución natural se extiende desde el norte del Himalaya a través de China hasta Myanmar, en el sureste asiático. Su empleo como ave de jaula y su fácil adaptación al entorno han permitido el surgimiento de poblaciones procedentes de aves escapadas de cautividad que se han establecido con éxito en diversas partes del mundo: España, Francia, Japón, Estados Unidos (Florida), Hawái y las islas Reunión.


Por tratarse de un ave exótica invasora, no se incluye ni en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas ni en el Libro Rojo de las aves de España. No se han observado, por el momento, efectos negativos sobre otras especies o ecosistemas autóctonos; no obstante, el hecho insólito —en relación con otras aves introducidas— de que la especie haya preferido establecerse en zonas forestales (en lugar de ocupar ambientes humanizados) ha motivado que se la mantenga bajo vigilancia.

La fácil aclimatación de esta especie exótica en nuestro país pone de manifiesto la necesidad de controlar el tráfico de aves no nativas, así como su introducción, deliberada o fortuita, en el medio natural. Cuando esto ocurre, es preciso realizar un adecuado seguimiento que permita detectar a tiempo las posibles consecuencias negativas sobre otras especies y hábitats autóctonos.

Es una especie exótica invasora.... pero es preciosa.
Foto de Alex Soler, extraída de internet:
http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/467906/

Conocer para respetar,
respetar para amar,
amar para defender.

Juan Goñi

Huir.

Ocaso, Camino de Gorramendi, Baztan, Navarra, Nafarroa.


Cuando te sabes parte de una insigne minoría, ¿qué mayor triunfo que huir?

El mundo rueda y rueda hacia lugares que ni conozco ni reconozco. Cada vez más rápido, más alocado, más insensato e insensible. Solo en el silencio reconozco la esencia de lo que me permite seguir. Por desgracia los berrinches por doquier no hacen sino herirme cruelmente. Todos los senderos de conciencia parecen extenuados. Aún guardan sus pasos, aún sus sorpresas escondidas tras los brezos que muerden. Pero permanece en silencio la ternura y las adhesiones se disuelven entre tanto griterío. Las palabras, cada vez más, son palancas que se meten con rencor en las grietas, palabras para romper afectos y reventar con saña la benevolencia y la compasión.

Huir, escapar de tanta inquina. Desertar del odio. Y aventarse con la brisa por este atardecer de almíbar. Dejarse apresar por los leves olores a otoño y a paz. Aparearse con dulzura con los livianos sonidos del mundo sereno. Acostarse con el sol más allá del horizonte y dejar que las pupilas reposen en las distantes lejanías de la propia identidad. Sentir con deleite el frescor de la noche que avanza, y creer a pies juntillas lo que el petirrojo predica desde el espino retorcido. Reparar en lo cercano y lo lejano yéndose y volviendo, como el Sol. Abrigar con denuedo esperanzas mientras mi mirada se escapa con el vuelo planetario del último milano. Desgobernarse como se desgobierna el cabello amarillo de mi hayedo, y resbalar por la realidad para que la realidad no nos devore. Soñar mientras medito fantasías, delirar con anhelos sin codicia y reposar para siempre bajo la caricia detenida del musgo y del dócil viento sin fronteras.

Pienso en no volver, pero fracaso. Aún me atan afectos insoslayables. Aún hay amarras vigorosamente anudadas al cariño, aprecios tiernos que atender, armónicas amistades que merecen custodia y entusiasmo. Fijo el rumbo y regreso a puerto, a la porquería por doquier del muelle al que amarro de nuevo mi cansado bajel de sueños limpios. Y echo pie a tierra mientras se me caen los atardeceres entre las costuras del alma. Y mis silencios, amputados de nuevo con crueldad. Y la paz, arrastrada con escarnio por la bazofia vacía y hueca de un mundo que me odia porque me envilece.

Huir, hoy, es un acto de heroísmo.

Juan Goñi

¡Cuidado!

Foto: Ángel Villalva

Ten cuidado,
Ten mucho cuidado. 

Ahora el otoño contagia por doquier delicadas nostalgias, dulce pesadumbre.

Si detienes tu andar el otoño escalará por tus piernas, paralizándote ante su hermosura.

Si guardas silencio el otoño conquistará tus tímpanos, después tus sentimientos y tu alma.

El otoño invade cautivando.

Solo el ruido y las prisas detienen momentáneamente su triunfo.
Juan Goñi