Enseñar Navarra... ¡qué bendito orgullo!

Valle de Belagua, Belagoako harana, Vall de Belagua - Navarra, Nafarroa


Los sobrecogedores paisajes del Valle de Belagua desde las atalayas del bosque kárstico de Larra. Las revoltosas calles medievales de Ujué/Uxue, ancladas en un pasado que aún se palpa. El hayedo mágico y siempre verde de Artikutza y sus hermosos y mágicos senderos. Erronkari/Roncal, sus calles empedradas y sus casas singulares, extraviado en lo más profundo del Pirineo navarro. Urbasa, el agua que se hace bosque, que se hace agua, que se hace bosque… Lesaka, para algunos el pueblo más bonito de Euskal Herria. Los robles centenarios de Dantzaleku: formas caprichosas, diseñadas por manos expertas para la construcción de balleneros vascos que después surcarían los mares de Terranova. Etxalar y su caserío delicioso, villa natal de la famosa Carmen de Bizet. Las vertiginosas paredes de la Foz de Lumbier, sede de la más numerosa colonia de buitre leonado de Europa. Los senderos ocultos de un Belate que se esconde bajo la niebla. Iruña la vieja Iruña, la de los viejos Burgos, capital que siempre fue de nuestro Reyno.

Todo esto y mucho más encadenado, como nuestro escudo, y engalanado con la joya de nuestra gastronomía, la de siempre, la de verdad.

Todo esto y mucho más es lo que me dispongo a enseñar a partir de hoy a mis amigos de Esplai Viatges de Valencia. Una semana para mostrar un "pedazico" de este crisol de bellezas, de este continente pequeñico y resultón, de esta tierra que te abraza. Una semanica que se nos hará corta... porque grande es el corazón de mi patria, ese en el que cabemos tod@s, ese corazón noble y diverso, ese corazón que ansía meterse para siempre en tu recuerdo.

Enseñar Navarra... ¡qué bendito orgullo!

Amo esta Tierra.
Así me lo enseñó mi madre.

https://youtu.be/bSikgr5UawM

Amics de València, ¡Benvinguts!
Balencia lagunak, Ongi etorriak!

Juan Goñi

Cae la tarde...



La tarde cae apaciblemente sobre el bosque. Los últimos rayos de sol pintan de oro las copas de las altas hayas. Los veraneantes y sus ruidos van abandonando los senderos. La arboleda queda desierta y silenciosa; la noto respirar aliviada de los calores agosteños y de los ruidosos turistas. Los tonos pasan despaciosos desde el tostado de los últimos rayos de sol a los azules de los primeros atisbos de la noche. Y yo camino, casi eufórico, por este tranquilo anochecer. Casi nunca paseo por Bertiz a estas horas. Casi siempre lo hago por la mañana, pero hoy los hados se han confabulado. Así que veo otros colores, otras formas, percibo otros olores, el bosque siente distinto; yo me siento distinto en este bosque que, agotado, se dispone a descansar y apoya su melena verde en la almohada de esta noche recién nacida.

Hoy sonríe Bertiz. Con esa sonrisa leve, casi invisible, del que reposa tras el trabajo bien hecho. A Bertiz, como a mí, se nos nota la alegría. Esa alegría tan del País del Bidasoa. Esa alegría que siempre destila cierta melancolía, esa alegría de acordeón, tan de niebla, tan de Baroja. Porque aquí la alegría se sabe fugaz y se saborea desde dentro, sin demasiadas alharacas. Es una felicidad íntegra, sin resquicios, densa e imprecisa como las brumas que tan a menudo acarician estos bosques. Es la felicidad del que, pese a todo, se permite saltar por encima de la realidad. La alegría del saltimbanqui en su cuerda, tan inestable, tan inseguro, tan firme en su aplomo, en su imprudencia.

Casi esta oscuro y el bosque exhala mil sonidos. Y ese dulce frescor de la noche se apodera de Bertiz y de mí. El riachuelo, que ha permanecido silencioso tantas horas bajo el rumor constante de mil voces, ahora vuelve a escucharse, tan diáfano. Y algunas aves, y el vuelo de la libélula, y el aleteo de esa mariposa. Se escucha la paz. Y ese sonido indescriptible que a mí me gusta pensar que no es sino la respiración del bosque; ese sonido que no se si emana del corazón del bosque o surge de mi propio ser, tan en silencio. Cada paso me cuesta un poco más. Mi deseo es quedarme. Así que me detengo allí, junto a ese enorme roble caído. Y me siento en el tronco, y ya no se oyen ni siquiera mis pisadas. Intensa calma. Rabiosa quietud. Honda serenidad. Cierro los ojos. Valiente placidez. Y así permanezco unos instantes.

Al abrir los ojos de nuevo hay una cierva que pasta a solo diez metros. Ha llegado en silencio. Su cabeza agachada, sus orejas erguidas. Y ese pequeño rabito que se mueve nervioso. Parece que ha oído mi pestañeo y levanta su cara hacia mí. Sus ojos negros, profundos, se clavan en los míos. Escudriña más allá de mi retina. Percibo que me mira dentro. Permanezco en absoluta quietud, sin forzar la tranquilidad, dejándome ver por dentro. Y después de unos segundos vuelve a bajar su cabeza y continúa pastando. He aprobado el examen, mi amiga la cierva consiente mi presencia. Profunda gratitud. Reposo en los adentros del bosque. Paz que cura el alma. Concordia. Alianza de amistad. Penetrante sensación de pertenencia. Soy bosque. Soy hondamente bosque. Soy íntegramente feliz.

Pasó un buen rato. Y luego se fue. Y más tarde me fui yo, ya de noche.

No se me pasa. Afortunadamente aun me dura tanta dicha.


Juan Goñi.

¡Necesitamos una Galicia Verde!



Galicia no se merece esto. Y los gallegos tampoco. Hoy mi pensamiento esta con este pueblo que hunde sus raíces entre el mar y el verde, que baila a son de la gaita aunque el mundo se hunda, o precisamente para que el mundo no se hunda. Galicia, mi Galicia, el "Fogar de Breogán", donde la lluvia es arte, donde Dios se echó a descansar. Hoy se queman los bosques gallegos. Hoy oí a los bosques navarros llorar ante tanta destrucción. Hoy el viento me traía muñeiras y alalás, hoy olía a humo y a muerte entre las hayas de Bertiz.

Mi corazón (y se que el de muchos navarros) está con Galicia, con "la miña terra galega". Os levantaréis... siempre lo habéis hecho. Pero un grito me sale del alma: NUNCA MAIS!

Queremos, necesitamos, amamos una GALICIA VERDE.
Maite Zaitut, Galicia!

"Terra dos meus avós
onde naceron meus pais
terra dos meus avos
Galicia do verde chan.
Terra dos meus avós
onde naceron meus pais
terra dos meus avos
non quero de aquí marchar."
Luar na Lubre, Devanceiros, (Autor: Bieito Romero)
 
Carlos Núñez y los Chieftains interpretan la "Muiñeira de Chantada." 
¡Así es como se levantan mis hermanos gallegos!
 
Juan Goñi