El gato doméstico (Felis silvestris catus - Katua).





El gato doméstico (Felis silvestris catus) es un pequeño mamífero que lleva al menos 9.500 años en contacto con nosotros. Se cree que el gato silvestre africano (Felis silvestris lybica) es su ancestro  más cercano. Según el ADN mitocondrial, parece que todos los gatos domésticos actuales descienden de cinco únicas hembras. Sin embargo puede intercambiar material genético con el gato montés europeo, y por ello esta hibridación masiva es una de las principales amenazas de conservación para las variantes salvajes. De hecho, el gato esta incluido en la lista de las 100 especies invasoras más dañinas del mundo según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
El gato ha sido, a lo largo de la Historia, adorado como un dios, como en el antiguo Egipto, donde a veces se le momificaba, o perseguido como un demonio, como en la Europa medieval, donde se les asociaba con las brujas y por ello eran a menudo quemados vivos o arrojados desde los edificios más altos. De hecho se les culpó de la trasmisión de la peste bubónica, exterminándose por millones en pueblos y ciudades, lo cual produjo un exponencial repunte de las poblaciones de ratas, verdaderas propagadoras de esta epidemia. En el Tibet se le considera guardián de los templos, y acompañante de las almas en el tránsito de la muerte; el subconsciente, en su viaje, es representado a menudo como un gato obeso y bonachón.
La gata alcanza su madurez sexual a los cuatro o cinco meses, y el gato a los seis o siete. La gestación dura unos sesenta y cinco días, después de los cuales nacerán hasta diez gatitos. Así pues, los gatos son muy prolíficos, lo que puede llevarlos a la sobrepoblación en poco tiempo.
Los gatos, como el resto de los felinos, son extraordinariamente ágiles; pueden saltar sin aparente esfuerzo hasta tres metros y medio, o brincar desde la pared hasta un techo situado a esa altura sin demasiados problemas. Además caben por resquicios increíbles debido a su asombrosa elasticidad.
Los gatos duermen muchísimo, hasta veinte horas al día. Es un animal nocturno, por lo que muchas a veces, al ocaso, el gato se “vuelve loco”, un periodo de hiperactividad y alegría que popularmente se conoce como la “hora del gato loco”.
Sus sentidos están enormemente desarrollados y hacen de él uno de los animales con un sistema sensorial más complejo. Su vista está muy adaptada a la visión nocturna, mucho más aguda que la de los humanos en la oscuridad pero ligeramente inferior a la nuestra durante el día. Se ha demostrado que pueden percibir luz del infrarrojo cercano, por lo que pueden percibir a sus víctimas por el calor que desprenden. Su oído también es similar al de los humanos, aunque pueden percibir sonidos más altos (hasta 2 octavas más que nosotros), y sus orejas, que se mueven por separado, pueden ubicar un sonido a un metro con un margen de error inferior a los ocho centímetros.  Su olfato es catorce veces superior al nuestro. Además, poseen un órgano sensitivo en el paladar, el “órgano de Jacobson”, de ahí que el gato muestre a veces una mueca característica que le sirve para enviar compuestos químicos a este lugar. Su tacto esta muy desarrollado. Los bigotes del gato, llamados técnicamente vibrisas, detectan pequeñas variaciones en el viento, por lo que pueden detectar obstáculos sion necesidad de verlos. Además se ha comprobado que en el momento de la caza, el gato “abraza” con sus bigotes a su víctima para detectar pequeños movimientos, y así cerciorarse de que su víctima ha muerto antes de proceder a su ingestión. De esta manera se asegura que su víctima no podrá, en un último intento de salvarse, provocarle alguna mordedura peligrosa, o directamente huir. También sabemos que su sentido del gusto no le posibilita detectar el sabor dulce (su dieta natural no incluye alimentos con este sabor).



Los gatos se comunican mediante el maullido; poseen casi cien tipos de vocalizaciones diferentes, algunas de ellas muy semejantes al lenguaje humano. Otra de las típicas formas de comunicarse es mediante el ronroneo, que habitualmente indica un estado de placidez y tranquilidad que según se cree, puede contagiar a quien lo acaricia. Parece ser que este sonido se produce mediante unos impulsos rítmicos en su laringe.
Los gatos, aunque estén bien alimentados, son cazadores extraordinariamente bien adaptados. Depredan sobre más de cien especies diferentes: roedores, pequeñas aves, lagartos y lagartijas, pequeñas culebras, insectos, etc. Emboscan y capturan a sus víctimas con técnicas que recuerdan a las de otros felinos como el leopardo, los pumas o los tigres. Frecuentemente “muestran” sus víctimas a sus dueños, quizá con el deseo de ser elogiados por su contribución a la alimentación del grupo. Su lengua posee unas espinas de queratina muy útiles para despojar a los cadáveres de piel, plumas o pelos. Debido a este instinto cazador es considerado como plaga en algunos países, como por ejemplo en Australia, donde suponen grave amenaza ambiental. Los aborígenes australianos los cazan con asiduidad y se alimentan de ellos. Pero incluso en Europa los gatos acaban con muchísimos animales, provocando fuertes mortandades sobre todo en numerosas especies de pequeñas aves.


Los gatos forman parte fundamental de la cultura popular de muchas culturas. Quizá debamos destacar la importancia del gato en la cultura islámica. Según la leyenda, Mahoma, gran amante de los gatos, permitió a estos entrar al paraíso, y les permitió caer siempre de pie porque gustaba de acariciar el lomo de estos bellos animales. Quizá por esto, en esta parte del mundo los gatos gozan de especiales cuidados y cariño. 
Innumerables artistas, a lo largo de la historia, han sido grandes amantes de los gatos: Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Ernest Hemingway, Carlos Monsiváis, Francisco Nieva o Freddy Mercury, por citar solo a algunos de ellos, han caído rendidos ante las garras de este cariñoso animal.
Me gustaría terminar este post con una poesía que describe perfectamente aquello que muchos sentimos por los gatos, la “Oda al gato” de Pablo Neruda, otro amante impenitente de estos felinos independientes, inteligentes y libres quizá como ningún otro animal sobre la tierra.

Juan Goñi

ODA AL GATO (Pablo Neruda)


Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.
El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.
No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.
Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.
Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.
Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.






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