Ayer y hoy.



 Robles que se otoñan en Orgi.

Ayer vi robles que dejaban caer bellotas, como gotas de eternidad. Ayer vi castaños que bombardeaban la tierra con sus erizos henchidos de alegrías. Ayer merendé moras con tres currucas y u un zorzal. Ayer cantaban los papamoscas por la arboleda, “chip chip chip”, continuo diapasón resonante del bosque otoñal. Ayer vi un árbol que lánguidamente se ruborizó al verme pasar. Ayer recogí las últimas avellanas y oí bramar a los ciervos.

Ayer vi dos cormoranes que se miraban al espejo del rio, y que luego volaron raso, rozando el agua. Ayer me acarició un viento sur, cálido y levemente desconcertado, que templaba la tarde adormecida. Ayer oí el crepitar de un petirrojo, como en invierno. Vi escaramujos rojos como esmeraldas, y helechos ocres como la tierra limpia. Ayer vi hojas amarilleadas, nubes cenicientas, cielos azules, atardeceres amarillos, luces del ocaso que vienen del mar. Ayer llovían frutas y prodigios furtivos, al albur del viento, quimeras gravitatorias que buscan profundos destinos silenciosos.

Ayer paseé con el otoño por el bosque. Me dijo que aún tenía mucha faena; se despidió con una caricia dorada y se perdió entre los robles.

Ayer el mundo dio otra voltereta. Los tornillos de mis meninges se desenroscan con cada pirueta y yo me limito a regresarme, chiflado y satisfecho, abrumado con tanto cambio, seducido y jovial, como un niño que se baja, solo por un ratito, de este sinuoso tiovivo perpetuo y chispeante.

Y hoy… hoy te contaré, si me dejas, que los senderos del cielo están de nuevo abiertos de par en par. Hoy trataré de compartir contigo la emoción de saber que, una vez más, los nómadas del viento están en camino. Hoy trataré de comunicar con palabras lo que solo el entusiasmo entiende. 

Hoy, tres de octubre, a las 18:30, en el Palacio Dorretxea de Irurita, daré un charla titulada: "La migración de las aves; el viaje sin fin". Te espero, solo si no tienes nada mejor que hacer.

Juan Goñi

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