Pottoka en Gorramendi



La Pottoka (Equus caballus) es una variedad de caballo vasco, descendiente directo del Equus prehistórico. Podríamos decir que es un fósil viviente. Aun se cría a ambos lados de los pirineos.
Animal dotado al extremo para las tareas del campo, por su docilidad y fortaleza.
De baja estatura, su pelaje negro es casi garantía de pureza. Su contextura robusta tiene gran belleza.
Desde la antigüedad ayudó en sus tareas a los hombres, pero su domesticación fue trabajo de las mujeres.
Existe en Iparralde, una leyenda que cuenta los tiempos en que recién comenzaba la sociedad humana, y Mari surcaba los cielos en su carroza de fuego, tirada por dos pottokas alados: Ilesuk y Arrabí.
Los hombres pidieron a Mari que les diese alguna ayuda para desplazarse por la tierra. La Madre les obsequió la descendencia de Ilesuk y Arrabi que no tenían alas. Se llamaban Marruk y Learri, pero eran indomables. Marruk , el macho, tenía un cuerno de marfil en su frente. No permitía que nadie se acercase.
Learri corría tan rápida que era inalcanzable.
Luego de muchos intentos, los gizonak(hombres) vieron que sería imposible domesticar tan salvaje animal, y se presentaron a Mari, pidiendo alguna sugerencia para hacerlo.
Mari sonrió y dijo: “Gizonak de mi tierra, sois fuertes y testarudos, pero para domar a Marruk se necesita más que fuerza y valor, solo se acercará a alguien sin mancha, quien posea un corazón tan puro y un amor tan grande a la Naturaleza, que podrá no solo montarle sino también ordenarle cualquier tarea y Marruk obedecerá.”
Por semanas, uno a uno los hombres fueron intentando acercarse al animal, pero era imposible.
Una tarde, estaba una neska (niña) bebiendo agua de una fuente, y Marruk se acercó a ella y se dejó acariciar. La niña montó al pottoka y juntos regresaron al caserío, seguidos de Learri.
Su madre, rápidamente acondicionó un lugar, donde las pottokas se dejaron encerrar tranquilamente.
A la mañana siguiente, el cuerno de Marruk estaba caído en la entrada del lugar. Y junto a él, dos nuevos caballos mansos listos para el trabajo.
La niña que había domado al animal, ofreció el cuerno a Mari, quien le aseguró que siempre habría pottokas en Euskal Herria para ayudar a los hombres. Que la enseñanza de este regalo de la Madre Tierra debía ser asimilada por todos los vascos: Nada es imposible para un vasco… Aunque a veces tenga que dejar la fuerza de lado y recurrir a la dulzura de una niña.

Texto extraído del Espacio de Daniel



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