Alejandro y el carbonero



Érase una vez un niño, que se llamaba Alejandro. Vivía en la gran ciudad con sus papás. La familia entera amaba profundamente la Naturaleza. Un día, al comenzar el otoño decidieron escaparse a las montañas verdes, que poco a poco se tornaban amarillas. Y vinieron a Bertiz. Allí Alejandro conoció a algunos amigos, y juntos decidieron participar en las actividades que se desarrollaban con motivo del Día Mundial de las Aves. Entre toda la panda elaboraron un buen puñado de cajas nido. Después, con ayuda de los bomberos de Oieregi, que se sumaron a la fiesta, colgaron estas cajitas en los árboles, junto al rio. Estos días anda Alejandro inquieto, porque desde allí lejos, desde su casa en la Gran Ciudad, se pregunta si aquella cajita que dejó colgada de un haya allá por octubre, habrá servido de hogar a alguno de sus amiguitos alados. 


Me gustaría decirle desde aquí que sí, que aquella cajita sirve de nido a una pareja de carboneros palustres (parus palustris – kaskabeltz txikia). Está parejita ha traído al mundo a seis pollitos que ahora no paran piar desde el nido. El carbonero palustre es una especie sedentaria, muy amante de su trocito de bosque y de su nido, al que vuelve año tras año. Como todos sus primos los páridos (carboneros y herrerillos) son insectívoros: hacen una impagable labor de desinsectación en nuestros bosques, acabando con gran número de orugas devoradoras de hojas. La hembra es la que ha incubado sin descanso los seis huevecitos, que tras 13 días han eclosionado. El macho ha proporcionado el alimento a la hembra durante este periodo, y ahora también a los pollitos. El calor y los cuidados de mamá, y también el trabajo incansable de papá casi ha dado sus frutos, porque los seis pollitos pronto abandonarán el nido, tras 16 días tras el nacimiento. Tardarán todavía una semana en poder volar, semana que pasarán entre las ramas del árbol que les vio nacer, comenzando así el periodo más peligroso de sus vidas. Las aves fueron las que, entre otras cosas, inventaron la Maternidad (y la Paternidad); las primeras mamás cariñosas, cálidas, protectoras, fueron aves. El carbonero palustre es un ave catalogada como “de interés especial”. Habita en bosques maduros del extremo norte peninsular. Sobre todo frecuenta los hayedos y robledales, desde el norte de la provincia de Barcelona hasta el extremo occidental de la Cornisa Cantábrica. 


Aquí tenemos una foto de papá trayendo a casa una sabrosa oruga verde que será un suculento desayuno para la familia. Los pollitos pían sin parar exigiendo su ración. Cuando papá vuelva a irse a por más comida no se irá de vacío, se llevará del nido las caquitas de sus hijos para dejar el nido impoluto. Hoy hace frio, así que mamá se quedará en casa, proporcionando calor y mimos a esta panda de vivarachos pollitos que muy pronto se unirán a la gran corriente de la Vida y la Biodiversidad de este Planeta Tierra. Y todo esto gracias a Alejandro y a decenas de niños como él. Niños cuyos ojos nos aseguran desde su inocencia, que están decididos a cambiar el Mundo. ¡Bravo por ellos!



Las actividades de educación ambiental nos ayudan a crear una nueva conciencia, una nueva forma de ver el Mundo y a sus habitantes. La concienciación de nuestros niños en la problemática ambiental es definitiva para conseguir un cambio de tendencia en nuestras actividades devoradoras de energía, de suelo y de Biodiversidad. Derrochar Vida, así como el Sol derrocha luz, producir a manos llenas transparencia y vivacidad, amar profundamente a las arboledas y a todos sus habitantes, y contagiar a los que nos suceden una manera respetuosa de disfrutar de nuestro hermoso hogar; esos, entre otros, son los objetivos primordiales de la existencia de “mírame! Navarra al Natural”.


Conocer para respetar, respetar para amar, amar para defender.
Juan Goñi

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