Y, pese a todo, hay que seguir intentándolo.



Hace unos días nacieron los pollitos de los colirrojos tizones que anidaron en el porche. Durante todo el proceso seguí con interés sus idas y venidas, la construcción del nido, los cantos de celo, la puesta de los huevos y la incubación. No puedo por menos sentir apego y simpatía con la vida que me rodea, por lo que os podéis imaginar mi cariño hacia estos desplumados amiguitos. Pero ayer el nido amaneció vacio. Oí a unas urracas merodeando muy pronto por la mañana, y quizá fueran ellas las causantes de la tragedia. La tragedia unida a la Vida. La primavera trae vida a puñados, pero gran parte de esas nuevas vidas son sacrificadas para la conservación de la vida existente, y así, como ha sido siempre, la muerte de algunos significa la vida para otros. Curiosamente, pese a todo esto, la Naturaleza tiende a permanecer en equilibrio, como lo ha hecho en los últimos tres mil millones de años. La sabiduría de la Naturaleza nos desborda, desarbola nuestros conceptos del “Bien” y el “Mal”, confunde nuestros sentimientos, y a veces, como en este caso, nos proporciona soberanos disgustos. ¿Quién soy yo para juzgar el comportamiento de esta o aquella especie? ¿O es que nosotros, los humanos, no nos hemos alimentado y nos alimentamos con los huevos o las crías de infinidad de animales? Sencillamente cada actor de la tragedia cumplió su cometido en la función, y así, la vida sigue, como ayer y como mañana. Los colirrojos seguirán medrando, y las urracas seguirán asegurando que solo los más aptos sobreviven, así ha sido siempre, y así debe de ser. 

La pareja de colirrojo tizón siguió acudiendo al nido todo el día de ayer. Muchas veces con ceba, todas las veces con su reclamo de ceba, avisando a unos inexistentes pollitos de su llegada. Y ayer a la noche la hembra durmió en el nido vacío y frio. ¡Qué poco saben aquellos que aseguran que no sufren de pena los animales! No había más que observar a estos padres para comprobar su impotencia y su desesperación. 

Esta mañana el macho me ha despertado muy temprano con su canto de celo, reclamando este territorio como propio, enamorando de nuevo a la hembra. Y tras pasar varios minutos observando su comportamiento, los he visto construyendo un nuevo nido, ofreciéndose mutuamente insectos, en un comportamiento que indica claramente que van a intentarlo otra vez. De pronto alguno de los dos deja su trabajo y acude de nuevo al viejo nido con una polilla en el pico, llamando a sus pollitos que ya no están. Y tras unos momentos que yo imagino de confusión y pena, abandona el lugar sin mirar atrás y continúa con su labor, mirando al futuro con ilusión y dedicación. 

Dura lección la que me ofrecen mis amigos, emocionante, trágica, pero también optimista. El calendario implacable indica que es muy probable que sea demasiado tarde, pero ellos lo van a intentar de nuevo, con la ilusión del primer día, superando la tragedia, venciendo dificultades y trabajando duro para hacer lo que vinieron a hacer: traer a esta Tierra más vida, perpetuar el equilibrio, asegurar la continuidad de su estirpe para asegurar la continuidad de la Vida.

Y así los dejo, trabajando duro por la Vida, en esta mañana de niebla densa, esta mañana en la que según los astrónomos, comienza, como quien no quiere la cosa, el verano verde y rudo en los campos de mi tierra.

Juan Goñi

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