El Busardo ratonero (Zapelatz arrunta, Buteo buteo).



El Busardo ratonero (Galforro en gran parte de Navarra, Zapelatz arrunta es su nombre oficial en euskera, Buteo buteo su nombre científico), es probablemente el ave de presa más común en los bosques y campiñas de Navarra. Además se ser muy abundante, su comportamiento no es tan esquivo como otras rapaces por lo que es relativamente frecuente verlo y detectarlo. Al observarlo de cerca sorprende su parecido a las águilas, sobre todo su cara, apuntada y fiera, aunque carece del porte de la reina de las aves. Es muy frecuente ver al ratonero posado en lo alto de un poste, o encaramado a una señal cerca de la carretera. Es un gran oportunista; gran número de micromamíferos caen bajo sus garras: ratón de campo, diversos tipos de topos y topillos, conejos… aunque no desprecia otro tipo de presas como las culebras, las ranas, los pequeños pájaros, las lombrices o gran cantidad de insectos. Además aprovecha la gran cantidad de animales que perecen atropellados en las carreteras, por lo que es tan frecuente verlo en sus proximidades.



Su plumaje es notablemente oscuro, aunque en invierno aparecen ejemplares muy claros, probablemente  ratoneros migradores procedentes del norte de Europa.  Durante el vuelo la parte inferior de sus alas aparecen muy claras, casi blancas, profusamente rayadas en un tono oscuro o rojizo. La cola, ancha, suele ser de un tono marrón o grisáceo, con una ancha banda muy oscura casi al final de la misma.
Su vuelo es, como el de la mayoría de las aves de presa, majestuoso, muy hábil en picados y quiebros, un verdadero deleite para el observador de aves. A veces, con viento favorable, se ciernen sobre los campos en un vuelo inmóvil que recuerda al del águila culebrera o al del cernícalo, a la búsqueda de presas en el suelo. Frecuentemente emite un silbido característico, como un maullido, frecuentemente respondido por la pareja, que delata su presencia en los cielos.

El ratonero es una pieza importantísima en el delicado equilibrio ecológico de nuestros campos y bosques, ejerciendo una fuerte presión depredatoria sobre algunos de los animales más fecundos y propensos a la sobrepoblación. Es un excelente plaguicida natural, gratuito y bello; pero también es muy sensible a los venenos y insecticidas, por lo que su uso abusivo desemboca sin remedio en el envenenamiento masivo de estas magníficas aves, con lo que el problema que se quería evitar se agrava ante la desaparición de los ratoneros.

Aquí se queda el ratonero, con una gran lombriz en sus garras. Su mirada fiera, su pico potente, sus garras poderosas y su porte majestuoso enamoran al pajarero. Con demasiada frecuencia obviamos la observación de estas aves por ser relativamente frecuentes. Pero en cambio su belleza, su vuelo majestuoso, sus planeos elegantes o sus picados vertiginosos enamoran sin remedio al observador de cielos, paisajes y transparencias, al amante de estos seres que dan color, movimiento, música y arte a nuestra maltratada atmósfera: las aves, mis amigas.

Juan Goñi

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