La Noche más larga.





El invierno es el imperio de la noche. Largas noches de frio, de agua y viento, de nieblas, que estimulan sentimientos encontrados a las gentes que no duermen. Es mayor el silencio en la oscuridad del frio, es mayor la sensación de indefensión e incluso de miedo. Buscamos el calor de la compañía, buscamos el recogimiento, la protección del hogar. Nuestra genética nos advierte que es en la noche cuando atacan las malvadas criaturas de la Naturaleza, cuando aparecen los seres más despiadados e inhumanos. Y aun cuando sabemos racionalmente que nadie ni nada peligroso habita detrás de la oscuridad, nuestra imaginación da vida a mil sonidos, a mil susurros y a la equívoca percepción de estar siendo observados.

La noche es el imperio de los poetas, de los amores posibles o imposibles, de la música, de los sueños y de las pesadillas. No es nuestro mundo el mundo de la noche, pero nos cautiva. Miramos pero no vemos, mientras esperamos el mortecino amanecer de una mañana invernal lluviosa y fría. El sol de junio se me antoja imposible, increíble, irreal, como si fuera un sol soñado.

La luna, Ilargi, la luz de los muertos, alcanza a traspasar débilmente la bruma reinante con su luz de cera; alborada de mentira en medio de  la noche que discurre lentamente. El silencio me abruma, el frio me atenaza, y la noche no acaba. Parece que quiere ser eterna. Tú y yo sabemos que nunca la noche será eterna. Pero hoy lo parece.

Cógeme la mano y volvamos a casa. Hoy necesito recogerme entre tus brazos más que nunca. Y dormir. Hasta abril.

"La noche es bella, está desnuda, 
no tiene límites ni rejas."
José Hierro.

Juan Goñi

Música para una noche sin final
 
Vladímir Samóilovich Hórowitz, pianista ucraniano, uno de los más prodigiosos pianistas de todos los tiempos, interpreta el segundo movimiento del Concierto para Piano nro. 23 de Wolfrang Amadeus Mozart. Escucha antentamente, y oirás las estrellas, y quizá percibas la cercanía del amanecer de la Primavera.

 

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