Y entonces se disfrazan de mariposas...



 Otoño en Bertiz. Por mi amiga Mariajose C.

Este otoño, zalamero y baladrón, me mira desde sus ojos gatunos tras los que se esconden un millón de primaveras y toneladas de reflejos por doquier. Se esconde a las noches bajo su manto de niebla fría que empapa la arboleda y a la tarde se le ponen las mejillas amarillas de tanto merendar sol, y se tumba en mi mantita de hojarascas, entorna su mirada y ronronea. Y sueña con ser un ángel que pasa a mi lado. Como bandadas de pinzones, vuelan sus fantasías y se me posan en la mollera que no comprende del todo. Y a veces, solo a veces, me pongo a temblar y le susurro un “te quiero” al oído para que no se olvide.

Este otoño pegajoso se me sube por las botas desgastadas y corona la cima de los cielos. Caliente y solariego, otoñejo viejo, parece enfermo, atacado por unas fiebres a destiempo. Los ojitos vidriosos y la cara demasiado verde, suda mi otoño su sofoco bajo esta canícula destemplada. Y me canta, será tonto, un bolero o una copla, y mueve levemente sus caderas mientras pasea entre los senderos dorados. Esta sediento, acalorado, magullado, y se lame las heridas secas de oro líquido con su áspera lengua de helecho.

Mi otoño perdió la pista y la vereda, parece que olvidó que todo desemboca en el invierno y se demora por las páginas de una primavera derrotada. Se aferra fuerte a los que aun le soportan, como buscando atajos, como negándose a ser lo que vino a ser. Él y yo sabemos que no durará mucho, pero mientras tanto me invita a pasear tras sus huellas de dandi arruinado.

Mi otoño está loco de verdad. Con ese proceder de caballero trasnochado, con su traje beis, deslustrado y vetusto, con el rostro arrugado, con sus manos tan viejas, pasea por las cañadas mientras las moscas se le posan en el alma.

¡Este otoño me despierta tanta ternura! Así que me dejo engañar y le sigo. Le lanzo un guiño y un piropo y le confieso mi amor entre las ramas. Y él, jactancioso, sonríe con ese ademán tan anticuado, y continúa su paseo, haciendo como que no me ha visto. Y yo sigo sus pasos, y sus moscas se me posan en el alma. Y entonces… entonces se disfrazan de mariposas. 

Juan Goñi

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